Se empieza fumando con un cigarrillo en una noche de tragos con unos amigos, tal vez para agradar a tus amigos o porque simplemente así lo querías, después fumaste otro porque tus compañeros de trabajo también lo hacen, y luego se busca cualquier excusa para fumar y cuando menos te das cuenta lo haces más frecuentemente y estás fumando una cajetilla diaria; sin duda ya es una adicción.

El cuerpo empieza a sentirse débil, observas cambios, ya no ves un rendimiento óptimo en el día a día de tu cuerpo, tu aliento no es el mismo, los dientes van cambiando de color, se disminuye el apetito, te falta la respiración, la piel se opaca y empieza a arrugarse, te enfermas más seguido y cada vez es más difícil curarte por completo; muchas veces cuando se observa cómo se vuelven de crónicas algunas enfermedades como por ejemplo respiratorias se decide no hacerlo más.

Entonces un buen día decides no fumar, pero intentas repetidas veces sin poder lograr tu objetivo; de la misma manera se comienza a buscar métodos o programas varios para poder dejar de consumir cigarrillo, obteniendo siempre un resultado negativo. Está demostrado que lo más determinante en el éxito para dejar de fumar es la fuerza de voluntad y la motivación que se tiene para detener este hábito tan desagradable. De esta manera, puede asegurarse que no existe un método 100% eficiente, por cuanto cualquier individuo que intente lograr esta meta sólo depende de sí mismo para lograrlo.

Lo inicial para dejarlo es la decisión, hay que buscar una forma de esquivar pensamientos relativos al tema, en lugar de tener en mente los días en que no podrá disfrutar del cigarrillo, puede tener en su cabeza todas las actividades que ahora sí podrá realizar. Procure cambiar su estilo de vida, comience a realizar actividades físicas, deportes como el yoga, pilates, y similares pueden ser muy eficaces. Evite el consumo de bebidas alcohólicas o con alto contenido de cafeína, porque este tipo de consumiciones pueden impulsarle a consumir cigarrillo.