El cuerpo humano tiene una increíble capacidad de regeneración tras dejar de fumar

Si has llegado hasta aquí, es porque estás pensando en abandonar el hábito tabáquico. ¡Enhorabuena, planteártelo ya es un gran paso! Para reforzar tu propósito quizás sea bueno ejemplificar algunos de los daños que el cigarrillo está causando a tu cuerpo, y demostrarte cuán rápido puedes repararlos al dejar de fumar.

Todos nosotros, aunque durante años hemos preferido obviarlo, sabemos que fumar incrementa el riesgo de sufrir cáncer de pulmón y problemas respiratorios, pero por lo general, prestamos poca atención al peligro que también implica de padecer afecciones del corazón (como infarto o angina de pecho), accidentes cerebrovasculares y enfermedades vasculares periféricas (de las arterias que llevan la sangre a los brazos y piernas). La relación del tabaco con estas dolencias puede parecer menos directa, y por eso dedicaremos unas líneas a explicarla.

Las arterias coronarias son las encargadas de llevar el oxígeno, a través de la sangre, hasta el corazón. Cuando estas arterias se obstruyen sucede lo mismo que cuando tenemos un atasco en una tubería, simplemente el flujo será interrumpido. Lamentablemente la solución no es tan sencilla y rápida como la que nos ofrece un fontanero especializado en desatascos para resolver el problema en nuestra vivienda. En el caso del cuerpo humano, debemos abrir ese paso, incluso con intervenciones quirúrgicas, para permitir que las arterias recuperen su flexibilidad y se ensanchen favoreciendo el correcto flujo de la sangre.

La buena noticia es que eso es posible.  Apenas un año después de dejar de fumar, el riesgo de enfermedad cardíaca se reduce a la mitad y tras 15 años, la posibilidad de un ataque al corazón es igual a la de quienes nunca han fumado.

Obviamente estos resultados dependen de varios factores, como pueden ser: la cantidad de años que hayas sido fumador y la cantidad diaria de cigarrillos que consumas; la edad de inicio en el hábito y la edad cumplida al momento de dejarlo; el estado general de salud, y la práctica o no de actividades deportivas.

Pero aún con estas variaciones, hay ciertos patrones que son similares en la mayoría de los ex fumadores. La evidencia recogida por numerosos estudios indica que el cuerpo humano comienza a regenerarse apenas minutos después de haber consumido el último cigarro. Tracemos, pues, la línea de tiempo de recuperación:

20 minutos. Pasado este breve lapso de tiempo, al medir la tensión arterial y el pulso notaremos que sus valores son normales.

12 horas. En este momento, ya tu cuerpo se habrá deshecho de los niveles peligrosos de monóxido de carbono.

24 horas. Ya podrás notar cambios en la respiración y tus pulmones habrán empezado a eliminar las partículas acumuladas.

48 horas. Probablemente sientas que percibes mejor los olores y sabores, pues las terminaciones nerviosas ya se han ajustado a la ausencia de nicotina. ¡Celébralo con una buena comida!

72 horas. Te sentirás con más energía, pues los conductos que llevan el aire a los pulmones se habrán relajado, haciendo que la respiración sea más fácil y que aumenten los niveles de energía.

De 2 a 12 semanas. Tu resistencia en la práctica deportiva mostrará significativas progresos, pues la circulación comienzan a mejorar y por ello tus pulmones reciben más oxígeno.

De 3 a 9 meses. Si tenías una tos crónica, seguramente notarás que ha comenzado a desaparecer; esto es así porque los cilios, que son pequeñas estructuras encargadas de limpiar los pulmones y deshacerse de las mucosidades, habrán comenzado a funcionar correctamente, al tiempo que las células de los pulmones estarán produciendo menos mucosa. Asimismo, al no estar expuestos a las sustancias irritantes del cigarro, la inflamación en la superficie de los pulmones y vías respiratorias se habrá reducido, con lo que la función pulmonar habrá aumentado en un 10%.

10 años. Al cumplir tu primera década sin fumar, el riesgo de cáncer de pulmón se habrá reducido en un 50%, así como también la posibilidad de padecer otros cánceres (de boca, de garganta, de esófago, de vejiga, de riñón y de páncreas).

Y aunque sabemos que al principio la labor será titánica, no olvides que si perseveras verás que conforme pase el tiempo, será más fácil no recaer. Las estadísticas apuntan que en los primeros tres meses casi la mitad de las personas retoma el hábito, pero si logras pasar la frontera del año, las probabilidades de recaer son de apenas el 1%.

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