Tabaco y enfermedades degenerativas

Por lo general, se asocia el tabaco a problemas y enfermedades respiratorias y también a una mayor probabilidad de padecer cáncer. Sin embargo, los efectos perjudiciales del tabaco van más allá y alcanzan aspectos que afectan a la salud, pero de una manera muy distinta.

Uno de esos aspectos son las enfermedades degenerativas. El tabaquismo puede aumentar el riesgo de sufrir alzhéimer. No es un desencadenante de la enfermedad, es cierto, pero sí puede acelerarla y hacer que parezca mucho antes. El tabaco afecta negativamente a la mielina que rodea las neuronas. El resultado es la inflamación y daños en la corteza cerebral.

Por otra parte, el humo de los cigarrillos aumenta el nivel de homocisteína plasmática. Este es un factor de riesgo asociado a algunos tipos de demencia. Además, hay otro factor relacionado, y es que el tabaco endurece los vasos sanguíneos, por lo que es posible que las neuronas no reciban todo el oxígeno que necesitan, aumente su estrés oxidativo y este lleve a la muerte neuronal.

Pero esta no es la única enfermedad degenerativa en la que el tabaquismo tiene un papel importante. Otro ejemplo es la esclerosis múltiple. Tampoco la provoca, pero, al igual que en el caso del alzhéimer, puede acelerar de manera considerable sus síntomas.

Aunque menos grave, la degeneración macular es otra de esas enfermedades que el tabaco acelera. Y lo hace porque el tabaco aumenta la degeneración celular, el envejecimiento, y los ojos son de los primeros órganos en los que se refleja el envejecimiento. De esta manera, entre los fumadores el riesgo de cataratas es mucho más elevado que entre los no fumadores y la sequedad ocular afecta también mucho más. Y no solo eso, sino que patologías como el glaucoma y la retinopatía diabética se ven considerablemente agravadas.

En definitiva, el tabaco puede ser factor agravante de enfermedades y condicionar muy negativamente su evolución, aunque realmente no sea factor desencadenante.